A finales del pasado mes de agosto se declaraba un incendio bajo la superficie del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel. La turba (material orgánico compacto, de color pardo oscuro y rico en carbono) entraba en autocombustión, “provocando un “brasero” bajo la tierra que llegaba a alcanzar temperaturas superiores a los 220 grados centígrados”, como explicaba Carlos Ruiz de la Hermosa, director del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, al diario ABC.
Han pasado casi dos meses desde que se detectara el incendio y no sólo no ha sido controlado, sino que además ha aparecido un segundo foco.
El incendio es consecuencia del proceso de degradación que vive el parque por la reiterada falta de agua. Durante cientos de años, la materia orgánica fue depositándose bajo la superficie del agua. “La actual situación de sequía que vive el parque ha provocado que esta materia orgánica acabe sufriendo un proceso de desecación que reduce su volumen, contrayéndose y originando profundas grietas que aparecen sobre el suelo que antes estaba inundado. Es a través de estas grietas por donde el aíre penetra y oxida la materia orgánica, aumentando progresivamente el proceso de oxidación, que produce la elevación de la temperatura del terreno, hasta provocar que las turbas entren en autocombustión”.
Fumarola que brota del incendio de Turba.